En 1914 la revista "Lope de Sosa" recoge entre sus paginas el hallazgo de un conjunto de habitaciones en el poblado de Cabeza Baja de Encina Hermosa, lugar que tradicionalmente se ha identificado con Ipolcobulcula. Entre las referencias que A. Cazaban da del lugar cita que estas habitaciones pudieron haber sido almacenes por la gran abundancia de restos allí localizados.
En 1986 un equipo arqueológico intervino en el sitio. Entre las conclusiones destacan que el lugar debió de ser un gran centro poblacional, con un considerable peso sobre su entorno ya que se trata de un poblado fortificado amesetado, un oppidum, de nueve hectáreas. Los restos de fortificación a pesar de la erosión y los trabajos de furtivismo arqueológico, se observan aún. Una gran torre cuadrada de la que se conservan los sillares de la primera hilada localizada en el extremo suroeste y los restos existentes en los puntos menos abruptos y mas débiles de la meseta no dejan lugar a dudas sobre la importancia que debieron tener estos restos.
Cabeza Baja debió de ser fundada en un momento tardío de la Cultura Ibérica aunque alcanzó su desarrollo coincidiendo con la etapa altoimperial romana es decir ya en el siglo I de nuestra era. Debió de pertenecer a ese grupo de asentamientos que ocuparon durante el II antes de Cristo el sur de la provincia de Córdoba y Jaén. Tal y como muestran las recientes excavaciones arqueológicas de Almedinilla en este caso un poblado que no llegó a romanizarse. Es opinión generalizada que la colonización de estas tierras debió realizarse desde puntos de la Campiña Baja de Jaén, es decir desde Porcuna por citar un caso conocido, quizás por la presión tributaria romana o porque simplemente las nuevas tecnologías incorporadas al ámbito agrario facilitaban el uso de aquellos territorios que con viejas tecnologías apenas se podían poner en valor. Aunque no está confirmada la posible ubicación de Ipolcobulcula en Cabeza Baja podría decirse que fueron los túrdulos de la Ipolca ibérica o lo que es lo mismo de la Obulco romana, los fundadores del asentamiento. El hallazgo en las proximidades del lugar de un inscripción sobre un ipolcobulquense y el gran tamaño y papel desempeñado por el sitio apuntan a este hecho, aunque otros investigadores sitúan este topónimo en Carcabuey, Córdoba. En todo caso el lugar después de gozar del citado momento de esplendor en la etapa altoimperial fue abandonado súbitamente en el marco de una situación que desconocemos pero que llevó a sus habitantes a partir sin apenas recoger sus pertenencias, es esto lo que pudo hacer pensar a Cazaban que los hallazgos de principios de siglo correspondían a almacenes.
En el territorio no abundan las villae antiguas, es decir las casas agrícolas, quizás porque la tradición túrdula favorecía la imagen de un paisaje de población concentrada. Prueba de ello es la existencia del asentamiento ibérico y romano de la Torre de la Gorgolla que se podría describir como un pequeño poblado. No obstante en la etapa propiamente imperial debió de existir un poblamiento disperso como prueba la villa romana del cortijo del Baño, localizada cerca de la Venta de Carrizal.
En la excavación de Cabeza Baja se observó que en la base del cerro aparecían una serie de restos de cerámica a mano. Aunque no existió un poblamiento continuado y si hubo una colonización en el siglo II antes de Cristo tal y como se ha señalado, no hay duda que la zona contó con otro momento de desarrollo demográfico en una etapa que culminó en la Edad del Bronce o en el Cobre Final como muestra el poblado de la Campana cerca de la Venta del Charco, con cabañas ovaladas, cistas de enterramiento y algún indicio de fortificación. El inicio de este otro momento mas antiguo se puede llevar al IV milenio antes de Cristo por las muestras de ocupación de las cuevas del Plato y la Chatarra. Allí debieron vivir grupos de pastores que fabricaron algunas de las primeras cerámicas decoradas con incisiones de la provincia de Jaén.
Autor: Arturo Ruíz