Forzosamente los primeros testimonios acerca del pueblo, tenían más que ver con el acontecer guerrero de la época que con la recreación lírica o narrativa. Así, uno de los primeros vestigios que se conservan en torno a nuestra realidad, viene de la mano del poeta caballeresco Juan de Mena, que representa una poesía nobiliaria, muy en línea con los cultismos alegóricos y doctrinales de su época. De acuerdo con su concepción de la poesía, en el "Laberinto de la Fortuna o las Trescientas", alude, entre otras muchas conquistas, atribuidas al monarca Alfonso XI, a la de nuestro pueblo: "Ganó más las Cuevas e a Locovin / con muy animoso, magnifico celo".
A partir de este momento, no cesan las continuas referencias a este lugar de paso, decisivo para la historia de Al-Andalus, como la que realizara, ya en época plenamente cristiana (1605) Antonio Gamboa, en su obra: "Antigüaedades de Alcalá la Real y su Villa del Castillo de Locubín", en la que el autor da cuenta de la cesión del enclave que llevó a cabo Alfonso VIII a favor de la Orden de Calatrava, según el escritor: "Para que los sustentase como fuerza importante, por tener entonces un buen castillo y murallas como hoy, aunque algunas estén derribadas, parece que fue fuerza importante para aquel tiempo".
No tardaría en pasar un tiempo prudencial para que la literatura de corte más costumbrista, hablara más de la propia realidad cotidiana del pueblo, y no solo de su estrategia militar. Así, en el siglo XVIII, tenemos dos testimonios de primera mano, aunque de muy distinta procedencia, con características literarias que proceden en tal sentido. El primero es de Fray Diego José de Cádiz, el misionero incansable, con fama de santidad, que recorrió España con su prédica religiosa y que dio testimonio de la misma en nuestro pueblo. También en el periodo Ilustrado, Bernardo de Espinalt, en su tantas veces citado: "Atlante Español", se refiere a la localidad en términos elogiosos, resaltando sobre todo su riqueza agrícola: "Está todo el pueblo plantado de olivos, viñas, nogales, y tantos árboles frutales, que no solo abastecen al pueblo, sino también a otros muchos comarcanos". Finalmente, y ya en nuestro siglo, es digna de resaltarse la figura del dramaturgo local, y médico de profesión, Federico del Castillo Extremera (1875-1936), quien, a pesar de sus éxitos nacionales en el periodismo, triunfaría también en el campo de la escena, con diversas obras de éxito diferente, siendo de destacar el que alcanzó con el estreno jiennense de la pieza: "Los intermediarios", el día de Reyes de 1920.