Jironado de dieciocho jirones, que cargan alternantes, las reales armas de Castilla y León, que son respectivamente: De gules, un castillo de oro, almenado de tres almenas, mazonado de sable y aclarado de azur, y en campo de plata, un león rampante de gules, coronado de oro, lampasado y armado de lo mismo. Los jirones convergen hacia el abismo del escudo, dejando un campo a modo de escudete de mayores proporciones, que trae en campo de plata, una llave, de oro, puesta en palo, con el ojal mirando al jefe. Contorno hispano-francés y timbre de corona de infante, elementos estos últimos, que deberían ser sustituidos por el contorno español y timbre de corona real cerrada, según la norma en vigor.
La historia de Castillo de Locubín estuvo ligada a la de Alcalá la Real de quien dependió por privilegio rodado de Alfonso XI del año 1345 hasta el siglo XVIII. Por ello, el escudo es una réplica del de Alcalá, salvo la distribución de las piezas del campo, que adopta una organización distinta para diferenciarse de su matriz. El modelo descrito, se ajusta básicamente a los representados por Espinalt en el año 1789, Madoz entre 1845-1850 y Piferrer en 1860, cuando "el castillo de las cuevas", hoy de Locubín, gozaba de independencia, pero no olvidando la íntima relación que le unió durante tantos siglos a Alcalá la Real y a su Abadía. El escudo pues, simboliza la importancia estratégica del enclave como puerta y "llave" para la conquista del reino de Granada, aludiendo el jironado a los reinos de Castilla y León.
Autor: Andrés Nicás Moreno